Accesibilidad

|

domingo

Cuerpo y género


Se nos educa desde pequeños dentro de una serie de comportamientos que deben ser pertinentes para vivir en armonía dentro de la sociedad; en la escuela se nos enseña a adquirir ciertas posturas y costumbres; por ejemplo, sentarse siempre en un mismo puesto, con los años nos acostumbramos y aunque nadie nos obligue siempre buscamos un mismo lugar para sentarnos, igual pasa con los recorridos para ir a casa, o las rutinas diarias; nuestro cuerpo memoriza ciertas acciones a tal punto que se hacen movimientos inconscientes y cuando estos por alguna razón se ven forzados a cambiar entonces sentimos incomodidad, como si actuáramos de forma extraña y si intentamos cambiarlos a propósito da una leve sensación de rebeldía, es como rebelarse consigo mismo, pero si lo vemos en detalle solo se cambió una costumbre netamente corporal, algo que nuestro cuerpo pidió pero como es inerte lo ignoramos.



Pasa lo mismo con la mayoría de sensaciones y expresiones del cuerpo que silenciamos constantemente ya sea por etiqueta o normas sociales y culturales arraigadas porque se nos enseña a estar bien presentados, a mantener la compostura y si nuestra apariencia o nuestro cuerpo no se ajusta al común denominador pasamos a ser anormales o raros. Es precisamente nuestro cuerpo ese primer elemento que tenemos a la mano cuando queremos llamar la atención, cuando queremos sobresalir del montón, cuando sentimos que pensamos diferente y nos convertimos en individuos en búsqueda de algo de libertad.

La cuestión de si el comportamiento, la vida social, la noción del sujeto, el pensamiento y la conciencia pueden concebirse y entenderse ignorando la condición corporal humana es tal vez el punto álgido que surge al incluir el cuerpo en los intereses de la teoría social.(Pedraza Gómez Zandra, Cuerpo e investigación en teoría social, año 2003. Pág. 7)

Comenzar a entender nuestro cuerpo como algo más que una máquina biológica es el primer paso hacia construir un cuerpo político; el cuerpo está lleno de simbologías, se encuentra marcado por violencias culturales y se convierte en la primera herramienta para que el individuo sea catalogado por sus rasgos, género y color de piel entre otros, estas características nos enmarcan en tramas sociales y roles determinados de los cuales difícilmente se puede salir a pesar de los siglos que han pasado.

Son precisamente estas marcas las que dan cuenta de nuestras historias de vida y se convierten en medio para la experiencia de otros, por ejemplo las marcas sobre el cuerpo de una mujer abusada dicen más que un cuadro estadístico, pero cuántas mujeres abusadas están dispuestas a presentar su propio cuerpo como voz de protesta para denunciar? Por qué si son ellas las víctimas prefieren quedar en silencio? Algo funciona mal dentro de nuestro sistema cultural que hace callar nuestros cuerpos por temor a un castigo bochornoso, nuestros cuerpos a pesar de vivir en un mundo que se jacta de postmoderno o transmoderno aún temen al pecado, nuestros cuerpos se han avergonzado de ser cuerpos desde que la historia de la humanidad comenzó, entonces si nuestras almas jamás se sienten cómodas en su lugar de residencia: el cuerpo, cómo pretenden no sentirse encarceladas?

Cómo un hombre homosexual no va a sentirse encarcelado y en un cuerpo equivocado, si cuando sale por la calle vestido de mujer le gritan obscenidades y corre el riesgo de ser abucheado? Y sin embargo están quienes lo hacen, están también las mujeres que se dan besos y demuestran su afecto en lugares públicos heterosexuales porque sienten una necesidad de cambiar la manera de pensar de una sociedad que teme mostrar sus secretos, por medio de ésta simple acción comienzan a hacer tambalear las lógicas de lo político, lo social, lo cultural y lo cotidiano.

El ámbito cultural, más que un territorio, es un espacio simbólico definido por la imaginación y determinante en la construcción de auto imagen de cada persona (Lamas Marta, Cuerpo: diferencia sexual y género, Ed. Taurus. Año 2002 Pág. 54). Nos construimos como imagen de nuestros padres, con sus mismos ademanes, la escuela nos educa para ser buenos ciudadanos, durante el periodo de pubertad y juventud nos construimos constantemente tomando los elementos que más nos interesan sobre lo que vemos a nuestro alrededor, la mayoría de individuos continúan los patrones de su entorno: misma religión, oficios similares, etc. Los jóvenes que buscan cambiar estos patrones se catalogan como rebeldes, algo raros, la educación de los colegios no está preparada para contestar las inquietudes del que piensa diferente o el que se comporta diferente, es más fácil juzgar que escuchar, pero en muchos casos estos jóvenes aún no entienden porque son diferentes y solo son lastimados por el peso de la cultura.

Nuestros cuerpos terminan reflejando todo lo que fue callado o lo que queremos gritar aunque seamos inconscientes de ello, se ve en los gestos, tono de voz o movimientos, se ve en nuestra ropa y en la mirada; de cada uno depende admitir o no por medio de su cuerpo lo que piensa, cada persona decide si quiere atar o no su cuerpo a un alma llena de construcciones culturales o libera su cuerpo y se rebela contra las imposiciones culturales con las que somos criados, porque al final de cuentas el alma no es más que otra construcción cultural.


No hay comentarios:

Publicar un comentario